Esta nueva exposición, que reúne a Valéa Djinn y a Périco Pastor, inaugura una serie de encuentros inéditos entre un artista de la galería que viene de Francia y un artista que eligió Barcelona y sus alrededores para vivir.

¿Qué hizo posible este encuentro entre Valéa Djinn y Périco Pastor? Entre la francesa y el catalán, si es necesario definirlos por su origen geográfico. Los dos artistas se encuentran por primera vez el día de la inauguración de la galeria Dupressoir en diciembre, a una hora tardía, cuando la atención cae excepto para los últimos visitantes que vienen discretamente a descubrir lo que se expone.

El cuadro “Bambi Prune” y las esculturas vegetales de Valéa llaman sin duda la atención de Périco.

¿Qué es lo que provoca el deseo de compartir una exposición entre los dos artistas?

Primero se reconocen y se entienden en una práctica y una relación íntima con el papel, como si estuvieran intercambiando sus secretos de fabricación.

Admiten que el papel nunca se elige por casualidad. Si es un amigo fiel, también puede sorprender o intimidar porque nunca se sabe cómo puede reaccionar ante el trazado, el gesto. Es una parte integral de la obra, tanto como el sujeto y las técnicas pictóricas utilizadas.

El papel, más aún que el lienzo, es un elemento constitutivo de la obra de arte. Cuando el lienzo a menudo desaparece a favor de la pintura, el papel sigue siendo un material muy presente. De hecho se dice que se superpone, se trenza o se pega papel sobre un lienzo para justificar mejor su presencia. El papel es como una piel, a veces lisa, granulada, áspera, vellosa o suave.  El papel es un actor independiente del artista que lo utiliza.

En Valéa Djinn, la fuente de inspiración se encuentra en las plantas recogidas (egagrópilas o pelotas de mar, lirio de día, agujas de pino, Palo Borracho) según sus andanzas en el bosque y en la playa. Agregan a sus hallazgos elementos textiles como tul, botones o hilo para dar vida a sus esculturas vegetales. Nos recuerdan objetos encontrados por casualidad en la naturaleza como signos cabalísticos dejados por personajes escapados de los mundos fantasmagóricos de Lewis Caroll.

Luego está el papel que traduce perfectamente a través del dibujo y de la pintura sus pequeños mundos poblados por criaturas híbridas y los habitáculos donde se alojan. Estos dibujos en papel son prácticamente la versión bidimensional de su universo extraño y onírico. Las composiciones son delicadas. Esta delicadeza proviene tanto de este trazado esencial sobre el papel como del meticuloso ensamblaje de musgo, líquenes, ramitas para estas piezas vegetales. Un verdadero trabajo de artesanía, para un resultado depurado y una ejecución sutil.

En Périco Pastor, el gesto y la línea se juntan con sutileza, facilidad e instinto. Cuando uno tiene la oportunidad de verlo en su taller con sus pinceles que sumerge en paletas acuosas para tocar o acostarse sobre el papel, sus gestos son rápidos y espontáneos. La idea del principio viene a encontrarse con el papel para someterse a él o imponerse. No importa, la magia funciona porque el pintor conoce el ritual, lo practica desde hace mucho tiempo y reconoce que sigue aprendiendo cada vez que lo repite.

Con Périco Pastor estamos cerca de esta relación ancestral de los maestros del Lejano Oriente con el papel, a través de la caligrafía o de las estampas. Combinar ejecución inmediata, precisión infinita y fruto del azar. Nos imaginamos los movimientos del bailarín o del practicante de un arte marcial.

Périco Pastor también evoca la incertidumbre que reina en sus pinturas y dibujos. Estos colores en suspensión se revelan, pero nunca estamos muy seguros. Es nebuloso, deslumbrante o profundo, a veces sugerido, a veces disperso. El azul, el verde, el rojo, el amarillo rayado con tinta negra que sugiere una silueta femenina, un pez, un pájaro o un insecto son como reflejos en un charco de agua, como rastros que pueden desaparecer en cualquier momento.

Gracias al papel lo imprevisible surge. Périco, al igual que Valéa, permite que las formas y los colores emerjan dejándose así llevar por la incertidumbre de lo que está sucediendo. Momentos de creación inciertos porque el papel es permeable a todo lo que recibe.

Valéa Djinn y sus siluetas con formas híbridas, alegres, medio-animal del bosque, medio-ser humano, medio-túnicas. Como una aparición, una mancha en la nieve o en la luz blanca.

Périco Pastor y Valéa Djinn nos invitan a analizar sus trazados para adivinar los gestos que habrán bosquejado para tocar y manchar sus papeles. Esta invitación recuerda la citación cómica de Paul Klee : “Una línea es un punto que ha salido de paseo”.