Esta nueva exposición, que reúne a Nathalie Salé y a Charlotte Puertas, persigue una serie de encuentros sin precedentes entre una artista de galería de Francia y una artista vinculada por su historia personal y sus raíces con las culturas española y catalana.

¿Qué hizo posible este encuentro entre las dos artistas? Se reúnen por primera vez en la exposición colectiva de arte contemporáneo MacParis que tuvo lugar en la capital francesa en el pasado noviembre. Ambas habían sido seleccionadas para exponer. Fue una oportunidad ideal para intercambiar una mirada sobre su trabajo respectivo. Tomaron la decisión de trabajar juntas de forma muy clara y evidente y, por suerte, también fue la oportunidad perfecta para la galería para crear este encuentro entre Nathalie Salé, una artista francesa residente en Royan (en Charente Maritime) y Charlotte Puertas, artista francesa de abuelo español que expondrá por primera vez en España.

Charlotte Puertas y Nathalie Salé nos ofrecen un dúo donde las pinturas de cada una parecen haber escapado de una sola obra o de un territorio compartido.

La singularidad pictórica de cada una es innegable, pero los rostros-bustos de Charlotte podrían perfectamente encontrar su lugar en el medio de las pinturas y los dibujos de Nathalie y recíprocamente. Es como si estas dos artistas compartieran los mismos secretos y aceptaran revelarnos algunos de ellos en este encuentro.

Las dos artistas abren ventanas sobre sus misteriosos mundos ; una invitación a viajar tanto por dentro como por fuera.

Esta exposición intenta ofrecer un espacio de libertad o un remanso de paz a los fantasmas que aparecen en los dibujos y las pinturas de Charlotte, así como a los animales y seres que pueblan las obras de Nathalie.

Nathalie y Charlotte coquetean con reminiscencias del pasado, haciéndolas surgir según sus composiciones, inventando historias escapadas de sus sueños, de su intimidad.

En las obras de Charlotte los rostros se metamorfosean para disolverse en la pintura hasta convertise en un recuerdo borroso, una quimera, como en un sueño donde las imágenes surgen sin avisar y desaparecen para dejar solo un rastro visual difícil de fijar con claridad. El espectador deja su mirada perderse como en un sueño despierto.

En el mundo de Nathalie Salé, la naturaleza exuberante es omnipresente: uno camina como en un jardín de delicias, el de los recuerdos de la infancia, felices o dolorosos, que se volvieron misteriosos y oscuros con el tiempo. Las hadas, las princesas, los monstruos y los animales son convocados para interpretar a los actores de los cuentos, a veces encantadores, a veces malvados.

Estos entrelazos de plantas con colores brillantes, que se entrelazan y penetran en cada rincón de sus obras, expresan de manera extraña las fuertes emociones de la infancia, aquellas que asaltan, a su vez deliciosas y maliciosas.

Algo pasa, como un malestar, entonces buscamos o construimos un refugio con lo que la naturaleza nos ofrece. Cabañas sin paredes donde solo quedan marcos, castillos enterrados, esculturas de enjambres, refugios improvisados aparecen como en los dibujos que los niños hacen incansablemente para contarnos lo que viven y sienten.

La naturaleza es hermosa en apariencia pero también cruel para sus habitantes. El paraíso perdido no está muy lejos. Nathalie Salé nos consuela o atormenta arrastrándonos a un laberinto de escaleras que conduce a un río pacífico o a un bosque inquietante. No sabemos si es ella quien acoge los animales perdidos o si son ellos quienes la protegen contra los hechizos. Nada es definitivo en sus pinturas. Podemos imaginar lo peor como lo mejor, lo que precisamente hace que sus composiciones sean cautivadoras. Un equilibrio frágil que depende del lugar del lienzo donde mire el espectador.

Charlotte Puertas nos invita a cruzar los ojos de sus figuras o a imaginar qué imágenes y sueños pasan detrás de sus párpados cerrados. Como si ella nos estuviera dando un espejo para sumergirnos en el corazón de lo íntimo. “Nos vemos viéndonos”, como dice una canción francesa. Algunas figuras se transforman en maquillaje de plantas en el que apenas podemos adivinar un par de ojos que escudriñan el mundo que nos rodea. Estas metamorfosis pictóricas utilizan el proceso de palimpsesto al agregar capas sucesivas de pintura en los dibujos, como recuerdos que se acumulan y se desvanecen, como superposiciones del alma. Ya no sabemos lo que había antes, cómo comenzó todo. Es el misterio del origen.

Sublimar, imaginar, proteger y salvar el mundo exterior de lo que lo acecha para habitarlo de otra forma. Esto es lo que nos cuentan las extrañas realidades de Charlotte Puertas y Nathalie Salé.

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