Las treinta criaturas ilustradas por diez artistas:

Valéa Djinn (Paris), Viviana Guasch (Barcelona), Isabelle Hayman (Londres), Véronique Lafont (Borgoña), Lola Lecoutour (Barcelona), Isao Llorens (Barcelona), Perico Pastor (Barcelona), Charlotte Puertas (Paris), Nathalie Salé (Royan), Marc Tanguy (Paris)

Para celebrar el centenario de la muerte del poeta francés (1918 – 2018)

Después de 5 exposiciones y reuniones inspiradoras desde su inauguración el pasado mes de diciembre, la galería se mantiene fiel a su línea editorial que favorece un arte accesible gracias a la variedad de formatos que proponen los artistas. Con este espíritu, hemos decidido exponer una nueva perspectiva del Bestiario del poeta francés Guillaume Apollinaire, nació en Roma de madre polaca y francés naturalizado en 1916. Esta idea surgió a lo largo de varias conversaciones con Alain Moreau, propietario de una galería en Barcelona y amante del arte, quien inició el proyecto a principios de los 2000.

Este año 2018 es el de varias conmemoraciones de la Gran Guerra en Francia y nos ofrece la oportunidad de relacionar la historia del arte entre Francia y Barcelona más allá de la gripe española que acabó con la vida de Apollinaire hace un siglo, dos días antes de la firma del armisticio, y de la amistad del poeta con el más famoso de los pintores españoles, Pablo Picasso.

Con “El Bestiario, o Cortejo de Orfeo” Apollinaire nos dejó uno de los primeros “libros de artista” al asociar sus poemas con un pintor, Raoul Dufy, pero también con un editor, Deplanche Paris, quien hizo unas cien copias numeradas de la colección de poemas. Fue un paso atrevido para un artista profundamente enamorado de la pintura y comprometido en las rupturas artísticas de su tiempo.

La poesía y la pintura siempre han hecho buenas migas. Una alianza estética ideal entre quien escribe para la imagen y viceversa. Este enfoque sigue siendo increíblemente actual ya que la poesía ofrece infinitas posibilidades al igual que la pintura.

La galería decidió revisar la iniciativa artística de Apollinaire confiando no a uno, sino a diez pintores, las nuevas ilustraciones de su colección de poemas.

Los artistas fueron invitados a liberarse de los grabados de Raoul Dufy presentes en la colección original cogiendo como punto de partida el texto del poeta y nada más. La idea era revivir el concepto de trabajo colaborativo que el poeta emprendió con el pintor. Si entonces los intercambios entre los dos artistas demostraron lo atento que estaba el pintor al texto y a las recomendaciones del poeta, hoy, el poeta siendo ausente, la galería ha querido proponer un enfoque diferente.

Se asignaron a cada uno de los artistas tres animales del Bestiario que consta de treinta en total. Se impusieron el formato y el soporte: A6 sobre papel con la posibilidad de producir hasta tres versiones diferentes de cada criatura.

Dentro de esta restricción, los artistas tenían carta blanca para atenerse al texto o para alejarse de él y contar su propia historia dando rienda suelta a su imaginación. Cada uno trajo el Bestiario adentro de su universo pictórico a través de dibujos a lápiz, pluma, ilustraciones, acuarelas, óleos y acrílicas, grabados monotipos, collages, piezas de colores y de blanco y negro.

Otro elemento decisivo de ese proyecto es la presencia central que ocupa el animal. Ya lo podemos encontrar de muchas formas figurativas y fantasmagóricas entre los pintores que colaboran con la galería. A menudo es la alteridad entre el animal y el hombre lo que se revela. Uno es la máscara del otro para expresar simbólicamente su condición, fuerzas, debilidades y lugar en el universo.

Si la bestia es humana, el hombre es bestial. A través de la lectura del Bestiario, el hombre ya no es la referencia: el hombre es un búho, una paloma, una pulga o una medusa, ellos mismos inseparables de los grandes mitos que los humanizaron. Este Bestiario contiene una increíble riqueza de temas representados por cada uno de estos 30 animales de los cuales el poeta revela un detalle que se vuelve central: la tinta del pulpo, la cabeza de la medusa, el juego de los delfines, la succión de sangre por las pulgas, el saltamontes que comía San Juan, el espíritu santo en forma de paloma.

Así es como Apollinaire entrega su visión del caos del mundo, de la vida, de la muerte y del amor.

Estos temas son una fuente inagotable de inspiración y permitieron encuentros singulares entre cada poema del Bestiario y los universos pictóricos de los diez pintores. Si el formato pequeño pudo parecer algo vinculante al principio, los artistas lograron mostrar sutilmente que una pequeña superficie puede concentrar tanta fuerza como unos pocos versos en una página.

Al ofrecer hasta 3 versiones diferentes de la misma criatura, cada artista deja de alguna forma que Apollinaire elija la ilustración que mejor se adapte a cada uno de sus 30 poemas.

Cien años después, los visitantes de la exposición son los que pueden elegir las correspondencias que más les inspiren entre las propuestas de los diez pintores y las criaturas del Bestiario que se exponen junto a cada poema en francés, castellano y catalán.